-Y la frase de esta noche… ¿es?
-La educación te hará libre- dije
convencida.
-Correcto, pase.
Se abrió la entrada del café
“Pensamiento”. La puerta estaba
escondida detrás de un letrero que ponía “Frutería 2030”. El local presentaba
estantes con frutas líquidas y en cápsulas, una buena tapadera que disimulaba
la realidad escondida en los metros cuadrados más profundos, el café
“Pensamiento”. Uno de los pocos bares clandestinos de la ciudad que todavía no
había sido destruido por los “noopinione”.
Hacía dos semanas que no visitaba
el local. Había estado días atrás en otras ciudades y puntos de encuentro como
el Bar “Palabra”, la tasca “Dime” y el pub “Libertad”. Todos esos lugares
tenían algo en común con el café “Pensamiento”. Todos, cada uno de ellos, eran
los lugares en los que se luchaba por mantener la educación, la palabra y la
opinión libre.
Seis años atrás los “noopinione”,
grupo mundial en contra del ciudadano con capacidad crítica, destruyeron las
escuelas, los ordenadores, los libros, la comunicación, la vida. La red
desapareció como desaparece la nieve cuando la temperatura sube unos pocos
grados, un cambio aparentemente lento pero fulminante. Los “noopinione”
controlaban el diálogo callejero. A partir de ese momento, no se pudo hablar de
injusticias sociales, económicas. Los desacuerdos no existían, la innovación
era un chiste de mal gusto, la creatividad era pecado mortal en el mundo de los
“noopinione”. A las personas que se atrevían a buscar información de literatos
pasados, de científicos olvidados, de filósofos de otra época… a todos ellos,
se les cortaba la lengua. Sin duda. Sin piedad. Sin vuelta atrás.
-Dame más argumentos- decía un
hombre a otro en el café “Pensamiento” mientras ambos disfrutaban de una cerveza
vaporizada. Desconocía el tema de conversación. El segundo hombre reía,
disfrutaba de la solicitud de razonamiento.
En una esquina del café, un
hombre leía a unos jóvenes poesía abandonada. En la otra, un debate sobre el
amor. En el medio, una anciana enseñaba a perder el miedo a hablar en público.
Al lado de la anciana, una mujer con gafas compartía con otros asistentes
diferentes periódicos de antaño. Un cartel anunciaba que dos días después
tendría lugar, allí mismo, un curso sobre cine y un taller de reflexión.
Me acerqué a la barra. Encima de
un reloj, un cuadro que ponía: DÉJAME QUE TE CUENTE QUIEN SOY Y NO ME MATES POR
ELLO.
-¿Va a tomar algo?- me preguntó
el camarero.
-Un zumo de fresa.
-No puede ser, lo siento. Los
“noopinione” han frenado toda la venta de zumo de fresa. Al parecer, relacionan
su color con la valentía. No quieren que pensemos que podemos cambiar esta
situación. Ya sabes, colores oscuros y poca luz.
En ese momento me acordé de los
años en los que la oscuridad no existía, me acordé de los años en los que la
palabra daba vida y las opiniones variadas eran abrazos de sabiduría.
