“Se ha creado un circo tecnológico
en torno a la literatura en la red”. Así de contundente se muestra Laura Borràs en una charla sobre Transformaciones literarias en la red producida en 2010.
Ahora, tres años después, buena parte de sus reflexiones siguen teniendo vigencia,
incluso
a pesar del ritmo frenético con el que evoluciona todo lo relacionado con
las TIC.
Esta catedrática sostiene que en ese terreno conviven los grandes visionarios, que veían posibilidades que no han llegado, creo que tampoco hoy, con otros innovadores pero realistas. Sea como sea, a lo largo de esta charla, con un orden y estructura desordenados pero infinitamente lúcida, Borràs nos pone ante una realidad que tiene muchos recovecos. Por un lado, nos recuerda que cualquier avance en la lectura/escritura a lo largo de la historia, como la imprenta o ahora Internet, han generado malestar en algunos sectores de la sociedad porque leer da acceso a información, al conocimiento… y eso es poder, pero los ahí que no están dispuestos a compartirlo (si es que alguna vez fue su propiedad). Asimismo, los avances tecnológicos también han estado sujetos a no pocos impedimentos. En cualquier caso, la nueva directora del Instituto de las Letras Catalanas, asegura que a cada nuevo avance tecnológico le siguen avances en los contenidos. Así llegamos a la situación actual, a las posibilidades de la literatura en la Red. Es más, Borràs sostiene que Internet ha modificado la cadena de producción literaria, al tiempo que aclara que para los lectores, al menos una parte importante añadiría yo, la lectura sigue siendo algo fijo. En esa línea, está mujer de ideas innovadoras, da un paso más y realiza una reflexión cargada de lógica. El término literatura deriva de “palabra escrita”, pero si nos atenemos a la realidad histórica de la aplicación de ese término, la literatura es mucho más, en la medida en la que también ésta viajó, durante largo tiempo, de forma oral de una generación a otra. De manera que no podemos encasillar ese término únicamente a los libros. En ese sentido, Borràs señala, a través de ejemplos que reflejan cómo las TIC, la Red… nos llevan a una literatura experimental, que ésta se caracteriza por su capacidad para incluir todas las expresiones culturales. Por tanto, nos acercamos cada vez más, a lo que la filóloga señala como democratización del arte y también al sueño de un texto que de algún modo refleja a su lector, porque éste toma la iniciativa y su acto de lectura es intransferible.
Sin embargo, frente a este mundo
de infinitas posibilidades se apunta en la charla que la realidad nos indica
que el hábito de lectura es cada vez menor, pero como asegura Borràs no por las
nuevas tecnologías, sino porque hay un problema de fondo en ese hábito lector. Nos
encontramos que más allá del continente hay que buscar alternativas en el contenido.
Así, podemos concluir afirmando
que un entorno sofisticado, tecnológico… no es garantía de nada, pero sí ofrece
una batería de posibilidades que como muestran autores como Belén Gache o
Isaías Herrero pueden transformar la literatura en la red.